En ese contexto 30.000 personas de todas las edades y condiciones sociales fueron sometidas a la privación de su libertad y a la tortura, y entre ellas a centenares de criaturas secuestradas con sus padres o nacidas en los centros clandestinos de detención a donde fueron conducidas las jóvenes embarazadas.
En ese escenario un grupo de familiares de desaparecidos iniciaron un movimiento de resistencia no violenta, comenzaron a marchar cada jueves alrededor de la Pirámide de Mayo, en la plaza del mismo nombre, situada frente a la casa de gobierno. Inicialmente se reconocían entre sí llevando un pequeño clavo; luego las mujeres decidieron cubrirse el cabello con un pañuelo de tela blanco.

Comenzando así a ejercer presión nacional e internacional sobre el destino de las personas que desaparecían en la Argentina.